hoy, estoy de cumpleaños

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Nací en un día como hoy, a las 8:00 de la mañana...

Mayo del 68 comenzó como una “simple” rebelión estudiantil. Pero llegó a paralizar Francia y, según algunos, a acelerar el curso de la Historia.

Las revueltas de Mayo del 68 causaron estragos en París, dejando imágenes que hacían recordar los ataques de la segunda guerra mundial.

Lo que es Woodstock para los ‘baby boomers’ de Estados Unidos -y de muchos otros países también-, multiplicado por una buena dosis de rebelión política, lo es el Mayo del 68 para los franceses.

La tranquilidad que reinó durante el festival musical de agosto de 1969, así como el sentimiento de propósito compartido que pareció encaramar a los cerca de 500,000 asistentes sobre el mismo barco de un ideal común, fomentó la creencia de que el movimiento de paz y amor de los hippies lograría, en algún momento no muy lejano, el ideal de transformar la sociedad.

Muy pronto, sin embargo, la generación Woodstock se estrelló contra el duro muro de la realidad: varios acontecimientos, entre ellos las matanzas perpetradas por los seguidores de Charles Manson y el desastre del festival de Altamont de fines de ese año -que incluyó un asesinato y varias violaciones-, marchitaron el movimiento de paz y amor.

Más aún, lejos de aceptar los pétalos de sus postulados, la gran mayoría de la sociedad norteamericana se volcó aún más hacia el conservadurismo, reeligiendo en 1972 a Richard Nixon por un margen abrumador sobre el querendón de la juventud activista de la época, George McGovern.

Daniel Cohn Bendit, alias 'Danny el Rojo',  fue el indiscutible líder estudiantil de la revuelta del 68. Hoy día, preside el ecologista Partido Verde en Francia.

Cuando hablamos de “revoluciones” me imagino que el “euro-trash” está mirando con “orgullo” la eleccion de Merkel en Alemania, Sarkoszy en Francia, Berlusconi en Italia, y la victoria de los Tory’s en Inglaterra, las cuales capturaron casi cuatrocientos asientos gubernamentales a nivel local en la Gran Bretaña........En adición a su continua defensa de dictadores caídos........¡Por Favor!

Pero, ¿fue realmente un fracaso?

Para algunos, los cambios que fueron registrándose en las próximas décadas -la liberación sexual, el feminismo, el ambientalismo, toda esa cultura de bienestar físico a través de la alimentación natural y actividades como el yoga o el Tai Chi- fluyeron como consecuencia directa de aquellos espasmos juveniles de los años sesenta.

En ese sentido, puede decirse que la generación Woodstock ganó... o que por lo menos cumplió muchos de sus cometidos.

Algo parecido pasó en Francia: bajo el nombre de Mayo del 68 se cobijó una rebelión estudiantil que llegó a pararle el corazón al país y estuvo a un pelo de tumbar el gobierno del presidente Charles de Gaulle. Pero terminó, más de un mes después, con un De Gaulle reelecto por una abrumadora mayoría.

Todo comenzó cuando, para sofocar meses de protestas en la Universidad de Nanterre, en París, la administración universitaria decidió cerrar el centro educativo el 2 de mayo de 1968. La revuelta la había iniciado un grupo de estudiantes que protestaba contra la pobre calidad de la educación y el hacinamiento en los salones de clase, así como contra el asfixiante conservadurismo moral de la sociedad en general.

Pero no necesariamente en ese orden.

Porque, entre otras cosas, lo que alborotó a los estudiantes varones fue el deseo de tener acceso a las habitaciones de las mujeres y abogaban por residencias mixtas en el campus. “Amaos los unos encima de los otros”, era una de las consignas favoritas de los manifestantes.

Según se cuenta, cuando, al principio de la revuelta, uno de los principales líderes estudiantiles, Daniel Cohn-Bendit -conocido como ‘Danny el Rojo’, en honor tanto a sus creencias políticas como al color de su pelo- se quejó públicamente ante el ministro de Juventud y Deportes, François Missoffe, acerca de la “miseria sexual” que este distanciamiento le ocasionaba a los estudiantes, Missofe le recomendó que se diera un duchazo de agua fría.

Gravísimo error.

El 3 de mayo, los estudiantes de la Universidad de La Sorbona en París se reunieron para protestar el cierre de Nanterre, así como la posible expulsión de varios de sus estudiantes. El resultado fue que la policía rodeó y tomó La Sorbona.

El 6 de mayo, la Unión Nacional de Estudiantes y la Unión de Profesores Universitarios convocaron a una marcha para protestar esa invasión policiaca.

Los ocho estudiantes suspendidos de Nanterre llegaron a la reunión cantando La Internacional, el himno comunista. Luego, más de 20.000 estudiantes, profesores y simpatizantes prorrumpieron en La Sorbona, donde la policía los aguardaba macana en alto.

El resultado fue la primera gran batalla de Mayo del 68: los estudiantes edificaban barricadas con cualquier material que encontraban disponible, y lanzaban pedradas o bombas caseras (cocteles molotov); la Policía respondía con gases lacrimógenos y asestando macanazos, arrestando a cientos de ellos.

Durante los días siguientes, las marchas y protestas siguieron incrementándose.

Poco después, el Partido Comunista Francés le confirió su respaldo al movimiento estudiantil, y las principales uniones obreras de izquierda -la Confederación Nacional del Trabajo y Fuerza Obrera- decretaron el 13 de mayo un paro general de un día.

Un millón a las calles

Ese día, más de un millón de personas desfilaron por París. Enfrentado por esa inmensidad, el primer ministro Georges Pompidou se allanó. Liberó a los estudiantes apresados y reabrió La Sorbona.

Pero eso sólo pareció encender aún más la pólvora revolucionaria del movimiento estudiantil, que, pronunciando discursos cada vez más incendiarios, se apoderó de La Sorbona, declarándola una “universidad del Pueblo”.

La protesta que había nacido en Nanterre casi como una queja sentimental empezaba a tomar un sesgo radical.

Al mismo tiempo, los obreros comenzaron a imitar a los estudiantes, asumiendo el control de sus fábricas.

Los afiches y el graffiti empezaron a poblar las paredes de París, en especial las de las universidades, las fábricas y los edificios públicos ocupados, en el verdadero debut de ambos géneros como instrumentos masivos de propaganda política. Estos reflejaban que la revuelta general estaba inspirada por el repudio a la guerra de Vietnam y tenía entre sus ídolos a figuras como el Che Guevara, Fidel Castro y Mao Tse Tung.

Para el 16 de mayo, se estimaba que los trabajadores habían ocupado unas 50 fábricas y que había unos 200.000 obreros en huelga. Esa cifra aumentó a dos millones al día siguiente. Luego a 10 millones.

La semana siguiente, se estimaba que dos terceras partes de la fuerza laboral francesa estaba en huelga.

En determinado momento no había televisión, los servicios de luz y agua quedaron interrumpidos, y hasta los controladores aéreos se habían unido a la huelga. Los bancos limitaban a un máximo de 500 francos los retiros, por temerse que los banqueros también se unieran al paro.

Lo curioso, sin embargo, era que la huelga parecía cobrar vida propia, al margen del liderato de las uniones. Además de las previsibles mejoras salariales y de condiciones de trabajo que defendía el liderato obrero tradicional, los huelguistas tenían otras exigencias que incluían el derrocamiento del gobierno y la salida del presidente Charles de Gaulle.

En fin, se quería que la imaginación asumiera el poder, como leía otro de sus lemas.

Para sorpresa de muchos, el 26 de mayo, los obreros rechazaron los llamados acuerdos de Grenelle, que disponían un aumento del 25 por ciento en el salario mínimo, y del 10 por ciento en el promedio salarial. Al menos en esos momentos, dejaron en claro que no se trataba meramente de una huelga para mejorar su situación económica.

Adiós, de Gaulle

Por el contrario, el paro general continuó y, el 30 de mayo, cerca de un millón de manifestantes arroparon a París, coreando “Adieu, de Gaulle!” (Adiós, De Gaulle).

Cuando ya parecía que el gobierno estaba al borde del colapso, De Gaulle, quien se hallaba refugiado en una instalación militar, anunció en un mensaje radial que estaba disolviendo la Asamblea Nacional y convocando a unas elecciones generales especiales para el 23 de junio.

Tanto las principales uniones obreras -que habían conseguido sus logros económicos-, como el Partido Comunista -que confiaba en aumentar sustancialmente sus votos en las próximas elecciones-, se desconectaron entonces de la protesta.

Y cuando De Gaulle ordenó que los trabajadores regresaran a sus trabajos, éstos lo hicieron, ya fuera obligados por la policía... o a instancias del propio Partido Comunista Francés y la unión Fuerza Trabajadora.

Al mismo tiempo, De Gaulle, envalentonado por una marcha de medio millón de manifestantes a su favor luego de que advirtiera a la ciudadanía que el país estaba en peligro de caer en las garras del comunismo, declaró ilegales a varias organizaciones izquierdistas estudiantiles.

Abandonado a su suerte, el movimiento estudiantil descontinuó sus protestas callejeras.

“La generación de Mayo del 68 culpó a los comunistas por traicionarlos a cambio exclusivamente de aumentos salariales y beneficios laborales”, escribió en noviembre pasado Diana Johnstone en un artículo publicado por la página de análisis crítico izquierdista ZNet, basada en Massachusetts, la cual atrae un cuarto de millón de lectores a la semana.

“Como resultado de esto, el anticomunismo es una parte significativa de la herencia ideológica de la generación de Mayo del 68”.

Como quiera que sea, lo cierto es que, el 16 de junio, el gobierno retomó La Sorbona.

Una semana después, De Gaulle triunfó en las elecciones generales.

Y no sólo triunfó, sino que consiguió la mayoría electoral más amplia para un incumbente en la historia de las elecciones presidenciales francesas... en cierto modo anticipando lo que ocurriría en los Estados Unidos cuatro años después con el triunfo de Nixon sobre McGovern.

Casi de la noche a la mañana, la vida francesa volvió a abrir los ojos de la normalidad.

Un giro inexplicable

“Resulta difícil explicar cómo un país que parecía al borde de la guerra civil pudo recobrarse y volver a la normalidad con la misma rapidez con que fue a la crisis y cómo un gobierno que todos creían moribundo pudo resucitar con nuevos bríos”, escribió hace 10 años el sociólogo puertorriqueño José Luis Méndez, entonces decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UPR, quien en 1968 estudiaba en Francia y participó en la revuelta estudiantil.

La gran aventura del Mayo del 68 había concluido, difuminándose, al parecer, en un gran fracaso.

¿O no?

La gente no acaba de ponerse de acuerdo.

Al tratar de desacreditar la masiva revuelta en Francia, un comentario aparecido recientemente en el diario francés Le Nouvelle Observateur en conmemoración del aniversario 40, insiste:

“Había que ser tonto para querer emanciparse en nombre de Fidel Castro y combatir el totalitarismo en nombre de Vietnam del Norte y de la URSS”.

Por otro lado, como parte de su campaña para las elecciones que ganó el año pasado, el derechista Nicolás Sarkozy, ahora presidente de Francia, quien estudió en la misma Universidad de Nanterre en la que se encendió la chispa del Mayo del 68, llegó a decir, de acuerdo a un artículo publicado recientemente por el diario español El País:

“Mayo del 68 nos impuso el relativismo moral e intelectual. Los herederos de Mayo del 68 impusieron la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo”.

Y agregó: “Intentaron hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no había que poner notas para evitar traumatizar a los malos alumnos, que no necesitábamos de clasificaciones. Querían que creyésemos que la víctima cuenta menos que el delincuente'.

Tal vez.

Sin embargo, otras interpretaciones históricas tocan tierra en dos puertos distintos: que Mayo del 68 fue un movimiento espontáneo que estalló como parte de la corriente de protestas juveniles que estaban surgiendo en todo el mundo, inspirada en la lucha contra la guerra de Vietnam y la búsqueda de una forma de vida más liberal, adornada por la música -Jimi Hendrix, de hecho, tocó en París el 29 de enero del 68-, las drogas y el sexo. Pero que, aunque políticamente estuvo teñida de izquierdismo, la revuelta estudiantil también denotó un tipo de anarquismo juguetón y juvenil:

“Soy un marxista de la tendencia de Groucho”, lee uno de los graffitis más simpáticos de la época.

De forma parecida a lo que estaba sucediéndole a la generación Woodstock de Estados Unidos, Mayo del 1968 fue un movimiento que no aceptaba del todo ni una cosa ni la otra, y buscaba -un poco a lo loco- cómo recalar en un mundo nuevo.

“Si te gustó Hitler, Nixon te va a encantar”, decía una famosa consigna norteamericana de entonces.

Se trató de un movimiento que no sólo protestaba contra un gobierno conservador, sino que, al hacerlo, no contaba con el respaldo formal de las viejas instituciones izquierdistas, las cuales consideraban “aventureros y anarquistas” a los líderes estudiantiles. Y los estudiantes devolvían la moneda.

“Trabajador: Tienes 25 años, pero tu sindicato es del siglo pasado”, leía otro grafitti.

¿Triunfo o fracaso?

De hecho, después del colapso inicial, puede hablarse de una victoria a largo plazo: la generación Woodstock vio cómo, luego de su abrumador triunfo electoral de 1972, Nixon se veía obligado a renunciar en medio del escándalo de Watergate.

Y, menos de un año después de su abrumadora victoria en las elecciones de junio 23 de 1968, De Gaulle perdió en abril de 1969 un referéndum que él mismo había citado para reorganizar el Senado.

Defraudado, renunció entonces a la presidencia.

En Francia, a corto plazo, el Gobierno anunció la implantación de masivas reformas en el sistema de educación, las uniones obreras se convirtieron en actores de primera fila en la vida económica del país y, en poco tiempo, se legalizaron la homosexualidad, el control de natalidad y el aborto.

Y también, para gran satisfacción de los manifestantes originales de Nanterre, se abrieron las puertas del sexo.

“Mayo del 68 dio a luz la victoria final del matrimonio de amor sobre el matrimonio de la razón”, le dijo recientemente el filósofo y ex Ministro de Educación Luc Ferry a Le Nouvel Observateur. “Digamos que dio a luz a la familia moderna, a la familia asentada en el amor, que triunfó sobre la familia burguesa”.

El artículo de El País, escrito por Octavio Marti, cita al renombrado sociólogo Alain Touraine: “Mayo del 68 es la invención del siglo XXI: lo hizo explotar todo porque supuso poner vino joven en odres viejos. La semilla plantada por Mayo del 68 se ha convertido en un árbol bajo cuya sombra hoy nos refugiamos”.

En Francia, uno de los efectos inmediatos sería el rápido descenso del Partido Comunista y el fortalecimiento del Partido Socialista, enraizado en la nueva corriente socialdemócrata que surgía, en parte como resultado de las experiencias de Mayo del 68, y también a la tronchada Primavera de Praga.

La nueva izquierda del socialismo democrático, en efecto, se planteaba como alternativa europea al capitalismo a ultranza y el comunismo del bloque socialista, y ya en 1981 Francia elegía a Francois Mitterrand, su primer presidente socialista.

En efecto, el artículo sobre Mayo del 68 que aparece en la enciclopedia virtual Wikipedia.com, concluye así:

“En Francia, a Mayo del 68 se le considera el momento trascendental en el que la vieja moralidad conservadora (religión, patriotismo, respeto a la autoridad) quedó suplantada por la moralidad liberal (igualdad, liberación sexual, derechos humanos) que domina hoy en día a la sociedad francesa. Aunque este cambio no se llevó a cabo por completo en este único mes, el término Mayo del 68 se usa aludiendo a este cambio de valores”.

“Lo que ocurrió ese año, especialmente en París, fue trascendental para el mundo”, convino el puertorri queño Papo Coss, uno de los líderes de la efervescencia estudiantil que para aquella misma época estaba hirviendo en la Isla.

“Aunque al final no tuvo éxito, queda en la historia como el acontecimiento más importante de los movimientos estudiantiles, por la repercusión que tuvo. Fue la primera vez que los obreros y los trabajadores se unieron a un movimiento de los estudiantes, cuando antes siempre ocurría al revés”, dijo.

“Y lo que ocurrió allí fue casi una revolución”.

O tal vez una revolución inconclusa.

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Comentarios

FELIZ CUMPLE ¡¡¡ GRICHI

un poco atrasado, pero dicen que lo que trae mala suerte es felicitar al cumpleañero antes de la fecha de su cumpleaños, no después.

un saludo afectuoso.

Julián

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